Mambo lesson, Mexico City, 2017- 2018

Lección de mambo, Ciudad de México, 2018

( english )

 

As in so many works linked to the self-exhibition of the female body and sex, the fichera, poses a problem of lack of distance between the working woman and her status as an object for the male gaze. A dissolution that, in the particular case of contemporary Mexican society, deeply patriarchal, is even more relevant.

In this series of portraits, as a way to avoid conventional poses, I decided to start working around yoga. With this, I intend to reflect on its relationship with dance and how it (yoga) is associated with a certain manifestation of interiority, which is still secularized in contemporary Western societies, has been established in the collective imagination as a space of healing body activity, and that is related to self-knowledge, and a certain dimension -banalized- of spirituality.
With the dynamics of this line of work I provoke a series of tensions that I distribute in three axes;
The dynamics of the portraitist-portrayed relationship, while constructing a social space, reproduces the partition between active and passive subject and requires a reelaboration of these positions from the mutual encounter;
The dynamics of the pose. The difficulties that arose when proposing figurative spaces outside the conception of women’s femininity needed to be approached from spaces that served as tools of empowerment through their image;

The dynamics of the social context. Since the sessions were held in the nightclubs, the work was developed in view of the clients. For the male audience of nightclubs that witnessed involuntary work sessions, an exhibition of the female body outside the sanitary perimeter in which they are accustomed to interact with the ficheras, together with a female photographer, as a constant source of tension
( spanish )

Como en tantos trabajos vinculados a la autoexhibición del cuerpo femenino y al sexo, el de la fichera plantea un problema de falta de distancia entre la mujer trabajadora y su estatus de objeto para la mirada masculina. Una disolución que, en el caso particular de la sociedad mexicana contemporánea, profundamente patriarcal, es aún más relevante.
En esta serie de retratos, como una manera de evitar las poses convencionales, decidí empezar a trabajar alrededor del yoga. Con ello, pretendo reflexionar sobre su relación con el baile y la manera en que este ( el yoga ) se asocia a una cierta manifestación de la interioridad, que aún secularizada en las sociedades occidentales contemporáneas, se ha instaurado en el imaginario colectivo como un espacio de actividad corporal sanadora, y que se relaciona con el autoconocimiento, y cierta dimensión —banalizada— de espiritualidad.

Con la dinámica de esta línea de trabajo provoco una serie de tensiones que distribuyo en tres ejes;

La dinámica de la relación retratista-retratado. La relación que se establece entre artista y modelo en el trabajo, en tanto construye un espacio social, reproduce la partición entre sujeto activo y pasivo y exige una reelaboración de estas posiciones a partir del encuentro mutuo;
La dinámica de la pose. Las dificultades que se presentaban a la hora de proponer espacios figurativos ajenos a la propia concepción de la feminidad de la mujer necesitaban ser abordadas desde espacios que sirvieran como herramientas de empoderamiento a través de su imagen;
La dinámica del contexto social. Ya que las sesiones se realizaron en los locales nocturnos, el trabajo se desarrolló a la vista de los clientes. Para el público masculino de los locales nocturnos que fue testigo involuntario de las sesiones de trabajo, una exhibición del cuerpo femenino ajena al perímetro sanitario en el que acostumbran a relacionarse con las ficheras, junto a una mujer fotógrafa, como fuente constante de tensión